Miro el salado mar con ojos lejanos
ese vientre por el que respiro
espuma sobre la que revolotean las palabras
Que paseando en un barco se están haciendo voz y alma
Que paseando en un barco se están haciendo voz y alma
Es una carta.
Es ese acercarme a ti que se me presenta como ola que invade el baño de un niño
La carta es de palabras sin vuelo, frías y desconsoladas entre las que se esconden los anhelos del campo verde de la verde barca en el abierto océano. Sueños que suavizan el colchón de mi cama.
He escrito matando la voz que más amo, la voz de los buenos momentos
dejandole al ocaso del tiempo mí punto final y esos pedazos de papel que brillan ahora quedarían un tiempo flotando en el ondear de tus mares y llegarían al fondo por fín rotos y entendidos.
Pero ya todas las razones opinan en silencio escrutando sentencias de buen juicio mientras mi sombra está creando pájaros amarillos con halas de humo.
Ciegos no otean el futuro
Vuelan sorteando las farolas
Pero no pueden escapar
el mar los llama y mi buen juicio ya ha roto la carta.
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